Estación de Penitencia
El principal y más significativo acto de culto externo de esta Hermandad lo constituye la Estación de Penitencia, que anualmente se realiza en la tarde del Lunes Santo, cuando la corporación acude a la Santa Iglesia Catedral portando a sus Sagradas Imágenes Titulares: Nuestro Padre Jesús de la Redención en el Beso de Judas y María Santísima del Rocío Coronada.
A través de este piadoso ejercicio penitencial, la Hermandad invita a los fieles a meditar y contemplar el augusto y doloroso misterio de la traición de Judas, uno de los episodios más sobrecogedores de la Pasión del Señor, tal y como es narrado por los Santos Evangelios. El paso de misterio presenta una cuidada composición iconográfica: en un primer plano, la figura central de Nuestro Padre Jesús de la Redención, sereno y majestuoso, aún en el momento de la traición, acompañado de Judas Iscariote cuyo beso simboliza la entrega del Hijo del Hombre. En un segundo plano aparecen los apóstoles San Pedro, Santiago y San Juan. Finalmente, en un tercer y último plano, se disponen las imágenes de San Andrés y Santo Tomás, completando la escena evangélica.
El segundo paso de la cofradía lo preside María Santísima del Rocío, imagen que encarna la dulzura, la esperanza y el dolor contenido de la Madre de Dios. Ante Ella, los hermanos y fieles son llamados a meditar los Dolores de María, uniendo su sufrimiento al de su Hijo Redentor. La contemplación de la Virgen conduce a una reflexión profunda sobre la participación de la Santísima Virgen en el misterio de la Redención y, como consecuencia, deducir provechosas enseñanzas para la vida espiritual de los Hermanos, logrando el fruto cristiano deseado.
La Estación de Penitencia se convierte así en un auténtico camino espiritual en el que se produce una identificación con Cristo, fundamento esencial de la vocación cristiana y del apostolado seglar que la Hermandad está llamada a ejercer en el seno de la Iglesia. A través del silencio, la oración, la penitencia y el testimonio público de fe, los hermanos renuevan su compromiso de seguir al Señor, de anunciar su mensaje redentor y de vivir conforme a los valores evangélicos, buscando siempre el fruto cristiano que da sentido a la vida de hermandad.